19 may 2013

Viajamos 5668 kilómetros con sólo mover los labios. Viajamos. Pretérito indefinido.
Siempre te pido sin palabras que abras el corazón y tú no dejas de preguntar para qué. Ahora me doy cuenta de que nunca te he tocado con las manos. Nunca has dejado que te toque con las manos y yo no dejo de preguntar por qué.
Tengo heridas de no tocarte y tienen forma de ti. Las llamo "amor", como a veces quisiera que tú me llamaras. Y a mis heridas que son tus heridas las riego por las noches. Una de ellas, la más pequeña, aprendió a hacer la fotosíntesis un día de verano sin sol. Ya ves, como si fuera una maldita planta. Como si ella sola pudiera aprender a respirar. Y yo me preguntaría por qué y tú le preguntarías para qué.
Tú que tienes ojos de frío y vives en canciones tristes. Y me invitas a bailar sólo cuando recuerdas que a veces fui esa chica torpe que te pisó los pies. A veces me dejaste ser esa chica. Y ella me confesó una madrugada que sólo te pisaba para que sintieras algo, para verte sentir algo. Y me juró que sabe bailar. Y que una vez fuiste luz. Tú, que tapas las farolas con tus pulgares y los domingos eres mudo y me hablas de amor a mí que soy sorda. Y me buscas como si me hubiera escondido y te escondes como si no te estuviese buscando. Y a veces vuelves de puntillas pero yo era más niña en diciembre. Tanto que incluso estaba convencida de que sólo se puede perder lo que alguna vez se ha tenido. Y me equivoqué. Pero ojalá fuera cierto.

Ojalá tuvieras más ganas que miedo.