Recuerdo que hace tiempo una
persona de esas que hacen llorar a las aceras me dijo que tengo siete
corazones. Lo peor de estas cosas es que luego terminas creyéndotelas. Tantas
veces me he preguntado desde entonces si sería más o menos difícil romper siete
corazones o el único que se supone que tenemos las personas. Al crecer me
he dado cuenta de que sólo puede romper un corazón alguien que lo haya hecho
crecer por dentro. E intenté hacerme creer a mí misma que estas cosas merecen
la pena. Pero después de las canciones tristes y las noches sin dormir lo tengo
todo más claro porque ya no entiendo nada. Y sé que soy mucho más de lo que
creo, pero sobre todo soy antítesis. Y cuando llegan personas regalando abrazos
ya no dudo de sus espinas, pero sí tengo en cuenta que las espinas no son
caricias. Voy a. Y cuando después de 365 días me miro desnuda (vestida o
desvestida) en el espejo y puedo poner nombre a cada una de mis heridas sé que he
Vivido, que este año sólo podía acabar en trece, que hay canciones que son para
bailarlas llorando, que lo más importante es lo que nunca se dice porque se demuestra. Pero voy a seguir enamorada de las palabras porque creo en ellas
como nunca he creído en mí misma. Como espero llegar a creer en mí misma.
Porque ahora sé llorar de tristeza y de felicidad. Sé que la magia de las
tiritas es que tienen nombre propio. La magia de las heridas es que cicatrizan.
La magia de las personas es cuando se quedan, y no cuando quieren quedarse. La
magia del trece es bailar en el barrio Santa Cruz, saber que estar sola no
es igual que no tener compañía, las marcas de pintalabios en los vasos de café,
saber qué personas me hacen falta para arreglar el mundo. Llorar en un tren de
vuelta a casa y descubrir qué es casa. No tener vergüenza, quedarme en la cama
cuando no quiero enfrentarme al mundo, las canciones que me han cambiado la vida,
cantar The Cave en directo y llorar leyendo poesía. La magia del trece es convencerme
de que llorar es como morir por fuera y nacer por dentro. Reconciliarme con las
casualidades. Dejar de existir en las estaciones porque aún tengo miedo. Recordar
que la sangre es blanca.
Pero el trece
es siempre un trozo de Vida, y la magia de la Vida es ser una Valiente.