31 dic 2013

Recuerdo que hace tiempo una persona de esas que hacen llorar a las aceras me dijo que tengo siete corazones. Lo peor de estas cosas es que luego terminas creyéndotelas. Tantas veces me he preguntado desde entonces si sería más o menos difícil romper siete corazones o el único que se supone que tenemos las personas. Al crecer me he dado cuenta de que sólo puede romper un corazón alguien que lo haya hecho crecer por dentro. E intenté hacerme creer a mí misma que estas cosas merecen la pena. Pero después de las canciones tristes y las noches sin dormir lo tengo todo más claro porque ya no entiendo nada. Y sé que soy mucho más de lo que creo, pero sobre todo soy antítesis. Y cuando llegan personas regalando abrazos ya no dudo de sus espinas, pero sí tengo en cuenta que las espinas no son caricias. Voy a. Y cuando después de 365 días me miro desnuda (vestida o desvestida) en el espejo y puedo poner nombre a cada una de mis heridas sé que he Vivido, que este año sólo podía acabar en trece, que hay canciones que son para bailarlas llorando, que lo más importante es lo que nunca se dice porque se demuestra. Pero voy a seguir enamorada de las palabras porque creo en ellas como nunca he creído en mí misma. Como espero llegar a creer en mí misma. Porque ahora sé llorar de tristeza y de felicidad. Sé que la magia de las tiritas es que tienen nombre propio. La magia de las heridas es que cicatrizan. La magia de las personas es cuando se quedan, y no cuando quieren quedarse. La magia del trece es bailar en el barrio Santa Cruz, saber que estar sola no es igual que no tener compañía, las marcas de pintalabios en los vasos de café, saber qué personas me hacen falta para arreglar el mundo. Llorar en un tren de vuelta a casa y descubrir qué es casa. No tener vergüenza, quedarme en la cama cuando no quiero enfrentarme al mundo, las canciones que me han cambiado la vida, cantar The Cave en directo y llorar leyendo poesía. La magia del trece es convencerme de que llorar es como morir por fuera y nacer por dentro. Reconciliarme con las casualidades. Dejar de existir en las estaciones porque aún tengo miedo. Recordar que la sangre es blanca.


Pero el trece es siempre un trozo de Vida, y la magia de la Vida es ser una Valiente.

5 oct 2013

"slow it down"


"She just wants you to understand what can happen when you’re a million kinds of lonely at once, when you find yourself among identical strangers you do not want to get to know."
('Clean', Amy Reed)

Cómo voy a creer en el amor si la última vez que creí en algo fue en ti.
Nadie va a lograr convencerme de que hay alguna verdad en esta habitación ahora que sé que incluso la luz que se filtra por las persianas es simplemente una más en tu colección de mentiras. Mi colección de mentiras. De repente le han arrancado once páginas a mi calendario, pero nadie va a lograr convencerme de que hay algún motivo para abandonar esta cama. Y tienes razón. He dormido cada noche de mi vida con palabras mordiéndome las entrañas, pero creía en ellas casi tanto como en quien las pronunciaba. Y tú aún hablas como si creyeras algo de lo que dices y yo aún pienso en tu risa como uno de esos días que sales a la calle y el cielo está lleno de globos de colores.
Pero no creas ni siquiera durante un segundo que estoy mirando hacia atrás. Solo que sigues aquí delante. Y te dirán que ya no espero nada de ti, ni siquiera que te marches. Pero sí espero que algún día aprendas que las tiritas no son reversibles, que las ciudades en ruinas aún arden fácilmente, que barrer los escombros no evitará que el viento vuelva a esparcirlos por todo el jardín o que tatuarte las raíces de un árbol no hará que éstas crezcan hacia arriba.
No quiero escuchar tu voz y si lo repito en voz alta es porque lo más cerca que estoy de tu voz es la mía.
Ahora sé mejor que tú que no todo está perdido, pero a veces sí lo está todo lo que importa. Así que no vengas a pedirme palabras como si ignorases que no me queda nada para ti porque ojalá aún fuera la niña de las uñas pintadas de rojo, la fe inquebrantable en las personas y la sonrisa para mí y para el resto del mundo, pero yo ya no lloro con mis lágrimas sino con las tuyas.

22 sept 2013

"que sea cierto el jamás"

Siempre he tocado tu alma con las manos limpias y sabes (incluso mejor que yo) que no voy a poder perdonarte nunca. Porque aquí hay heridas más grandes que yo, que aparecen siempre en forma de tirita, sonriendo y gritando tu nombre. También sabes (no tan bien como yo) que podré perdonarme algún día sólo porque voy a seguir reivindicando mi derecho a utilizar todas tus salidas de emergencia sin tener que pedirte disculpas.
Estará lloviendo y yo llevaré vestido y medias como siempre y habré olvidado el paraguas porque estará tu voz gritando "qué importa que se te moje el pelo si ya tienes los pulmones encharcados" cada segundo en mi cabeza.
Daré vueltas en la cama y ya no pensaré qué pasaría si fueras tú la sonrisa de al lado, porque sabes (aunque no tan bien como yo) que los caminos de ida y vuelta son sólo el mismo recorrido en direcciones distintas.
Pero no lloraré pidiéndote "no lo digas si no lo sientes" sólo para que me seques las lágrimas a besos. Ya no. Serás como las instrucciones de Julio pero para saber cómo deshacer los malditos nudos en la garganta. Las que nunca funcionan.
Dejará de llover y yo estaré viendo el mundo a través de la cristalera de la cocina, recordando el día que apareciste, con los cascos puestos y las manos vacías, con la terrible certeza de que nunca nadie había tenido tanto que ofrecerme, de que nunca nadie me había ofrecido tan poco. Con tu mirada de "no quiero romperte", la que iba seguida de mi mirada de "ambos sabemos que lo vas a hacer".
Así que no dejes de hablar de trenes como si alguna vez hubieras montado en uno eligiendo tú mismo el destino o de estaciones como si todas las que te vieron llegar te hubiesen visto marchar con todos tus relojes sincronizados. No dejes nunca de viajar pensando que no necesitas una maleta con algo más que palabras, pero recuerda que, para algunas personas, las palabras significan. Y eso jamás te dará el derecho a dormir con flores sin deshacer una maldita cama.
No me digas jamás que vas a venir a casa como si no hubieras estado nunca o como si ésta no fuera también tu casa. Como si no te hubieras ensuciado las manos y el alma construyendo este estúpido refugio.



Echaré de menos tu respiración como una simple extensión de la mía, sin el viceversa. Como las cosas que nunca necesité tener para saber que me empaparían el alma. Como tus labios en mis párpados y tus manos en mis muslos. La estúpida sensación de que falta el aire precisamente porque un gramo ya sería un exceso.
Ya sabes que las minúsculas no han sido suficientes y tienes arena en los bolsillos y yo los ojos llenos de lágrimas porque nunca aprendiste a conjugar nuestro verbo y sigues culpando a mi habitación llena de plantas. ¿Alguna vez has visto un globo vacío explotar? Cómprate un espejo y dile algo que aún no me hayas dicho a mí. Pero no vuelvas. No vuelvas nunca porque jamás voy a creer en tus palabras como creo en ti y ahora tienes los ojos llenos de lágrimas porque has vaciado de magia mis bolsillos. No vuelvas porque sé que me dirás que aún piensas que 'adiós' es la palabra más triste del mundo, como si tuvieras un cementerio dentro. No vuelvas porque tendré que recordarte que el cementerio eres tú.