29 ago 2013

sabías que corrías riesgos
aunque siempre digas
que son ellos quienes
deberían temerte
a ti
corrías riesgos
y si decías
“es la última vez”
podía ser la última
vez que te lo pida
porque ya sabes
la diferencia entre un
‘quédate’ y un
‘no te marches’

pero yo
estaba tan ciega
que pude verlo todo

no te escondas
sé que en la tercera
persona
del singular
viven
toda clase de monstruos
y estos
sonríen
y dan los buenos días

pero no importa

porque
a partir de ahora
quererte
va a ser mi forma favorita
de vengarme del mundo

y es la última vez
que te lo pido

sé que podría estar ahí
despertar cada día
antes de que la luz
te regale sus abrazos
sé que no podrías estar aquí
desde que decidiste creer
en tus propias mentiras
por encima de mis verdades


y los dos sabemos que
tienes las estrellas

que quisiste tener
(no
las que merecías)

por eso
cuando llegas a casa
y te miro
sé que no quiero
saber qué está pasando
pero el silencio no va a protegernos
y hay fuegos
que no se apagan sólo
con el paso del tiempo.

6 jul 2013

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- Carta para los monstruos que duermen conmigo en mi cama:

Al final has ganado la guerra habiendo perdido todas las batallas. Y yo lo sabía y no sabía. Y qué. Hablábamos de exploradores y de hallazgos. Venía Frida diciéndome "que te miren como si fueras mágica". Pero tú siempre me mirabas como si me fuera a romper. Como si me fueras a romper. Era yo quien te miraba como si fueras mágico. Porque eres mágico. Eres todas las cajas de tiritas que nadie nunca me regaló pero luego todas las heridas que siempre me hicieron. No puedo no acordarme de ti, de que te habría dado todos los besos que tuviste miedo de darme, de que no puede desaparecer esa magia porque aprendí de ella que sólo se transforma.  No sé en qué momento se enamoró la luz de ti, pero nunca vi nada como la forma en que te besaba en aquella habitación a oscuras. Y voy a echar tanto de menos todos los besos que nunca te di en los párpados, los abrazos que te di y los que nunca me atreví a darte, todas las formas en las que me has enseñado a sonreír y que ahora siento que son sólo tuyas. Voy a echarte tanto de menos.
Y es cierto que las luces se apagan, pero no fuimos luz sino estrella. A mí me hiciste sentir como una estrella. Y no me hables de fugacidad como si alguna vez hubieras tenido en mente otra cosa. Como si no hubieras venido a verme con las maletas hechas antes de saber siquiera el destino. Podemos coger tantos trenes como me pidas, me dijiste. Pero yo lo que quería era coger tantos trenes como me pidieras tú.


- Carta para los monstruos que duermen debajo de mi cama:

No puedes seguir intentando que los puentes se sostengan de un solo lado, pequeña. Y te llamo pequeña porque necesito que sepas lo grande que eres. No dejes de sonreír ni de llorar porque algún imbécil te lo pida. Y recuerda que todas esas personas son imbéciles. Tú misma eres imbécil. Pero eso está bien. Está bien porque puedes ser quien tú quieras ser. "Deja que crezca el amor", ¿recuerdas? Escribe en tu piel. Será tu cicatriz más bonita. Sal de la cama sólo cuando quieras salir de la cama y no porque sea lo que el mundo espera que hagas. Sálvate a ti misma antes de pensar siquiera en intentar salvar a cualquier otra persona. No te ates piedras a las muñecas antes de ir a dormir, porque eso ya lo hacen los demás por ti. Los peces que invadieron tu pecera son los que han muerto, no tú. Tú sigues aquí y estás viva. Y si duele es porque estás viva. Y si no duele es porque nunca estuviste viva. Él no te echa de menos. Abrázalo. Abrázate. 
El puente eres tú.

19 may 2013

Viajamos 5668 kilómetros con sólo mover los labios. Viajamos. Pretérito indefinido.
Siempre te pido sin palabras que abras el corazón y tú no dejas de preguntar para qué. Ahora me doy cuenta de que nunca te he tocado con las manos. Nunca has dejado que te toque con las manos y yo no dejo de preguntar por qué.
Tengo heridas de no tocarte y tienen forma de ti. Las llamo "amor", como a veces quisiera que tú me llamaras. Y a mis heridas que son tus heridas las riego por las noches. Una de ellas, la más pequeña, aprendió a hacer la fotosíntesis un día de verano sin sol. Ya ves, como si fuera una maldita planta. Como si ella sola pudiera aprender a respirar. Y yo me preguntaría por qué y tú le preguntarías para qué.
Tú que tienes ojos de frío y vives en canciones tristes. Y me invitas a bailar sólo cuando recuerdas que a veces fui esa chica torpe que te pisó los pies. A veces me dejaste ser esa chica. Y ella me confesó una madrugada que sólo te pisaba para que sintieras algo, para verte sentir algo. Y me juró que sabe bailar. Y que una vez fuiste luz. Tú, que tapas las farolas con tus pulgares y los domingos eres mudo y me hablas de amor a mí que soy sorda. Y me buscas como si me hubiera escondido y te escondes como si no te estuviese buscando. Y a veces vuelves de puntillas pero yo era más niña en diciembre. Tanto que incluso estaba convencida de que sólo se puede perder lo que alguna vez se ha tenido. Y me equivoqué. Pero ojalá fuera cierto.

Ojalá tuvieras más ganas que miedo.