a veces
echar de menos
se parece a
tener las manos tan vacías
que no te cabe nada más en ellas
y yo ya no sé
si tengo las manos
vacías de ti
o de mí misma.
hablamos de las despedidas
en las estaciones,
en los aeropuertos;
y nadie recuerda las despedidas
en los colchones.
hablamos de otra cosa.
hablo de tener que volver
a casa
a la mañana siguiente
dejando el corazón
en tu cama.
hablo de esas despedidas
porque son las que recuerdo
cada vez que pienso en ti.
solías decir que mis pulmones
olían a flores
y ayer
me regalaron
un ramo de rosas
y te juro
que todas olían
a mis pulmones.
y sonreí.
volverás a verme
y desearás que no haya cambiado nada,
que siga siendo exactamente la misma;
y será así
excepto contigo.
no he desaprendido a quererte
porque jamás te vas a atrever a enseñarme.
aún elijo el camino más largo para volver a casa.
he escrito un poema con tus ojos
para no olvidar
todo lo que quieres que recuerde
de ti:
"yo tan solo y tú tan loca.
yo tan capullo, tan arrogante
tú tan sonriendo con los ojos
pero nunca con la boca.
el espejo me devuelve
un reflejo vacío
de mí mismo
pero lleno de miedo.
no espero nada.
mi brújula sólo señala
cuerpos desnudos,
vacíos.
me asusta que tengáis algo que ofrecerme.
aquí se grita para adentro,
gana el calor de cualquier falda
pierde quien llega a la meta
antes de que se escuche mi voz
pidiendo auxilio.
aquí no se olvida nada.
la realidad es nuestra vía de escape."
he escrito un poema con mis manos
para recordar
todo lo que quieres que olvide
de ti:
no escribo para que vuelvas,
escribo para marcharme.
escribo para mancharme.
16 abr 2014
Si tuviera que describirte de alguna manera, ya no rompería a llorar. Diría que eres la diferencia entre alguien que dice
“voy a buscarte” y esa misma persona diciendo “voy a encontrarte”. Diría que ahora me siento
como todas esas palabras que siempre me ha gustado escribir en mayúsculas,
pero escritas en minúsculas.
Nunca hemos recorrido ningún camino juntos, tú y yo. Ibas siempre en la carretera paralela. Quizás por eso dejé de creer en el olvido en el instante en el que dejé de creer en ti.
Nunca hemos recorrido ningún camino juntos, tú y yo. Ibas siempre en la carretera paralela. Quizás por eso dejé de creer en el olvido en el instante en el que dejé de creer en ti.
Conozco bien la historia del rayo que te parte los huesos y te
deja en la mitad del patio. Lo vi desde lejos y te estoy cuidando desde aquí
porque en ninguna de nuestras llamadas me confesaste que era yo quien
necesitaba el botiquín de emergencias. Estoy regando los recuerdos que compartimos y
se están haciendo cada vez más pequeños.
Hoy ha venido el médico a verlos y se ha marchado con esa mirada de “lo siento.
Ojalá pudiera hacer algo más”. Pero yo sé que esos recuerdos no pueden morir. Los estoy regando
porque ya están
muertos.
3 feb 2014
Como las canciones que te ponen tiritas en el alma y después te la destrozan a golpes. O viceversa. No tengo en las manos más que heridas. Y me dices que hoy es domingo como si el calendario alguna vez se hubiese atrevido a asomarse a este colchón. Llevo mi vestido de flores y miro por la ventana pensando cuántas personas habrán muerto sin enamorarse, porque ya sé cuántas personas se han enamorado sin morir. Y me gustaría ir a verte y recitarte la lista de cosas que nunca te dije, porque ya me la he aprendido de memoria. Me gustaría ir a verte y enfadarme una vez más contigo porque me miras los labios en lugar de besarme. Sólo espero que sepas que yo nunca te elegí. Ni siquiera te elegiría ahora. Porque en el fondo los dos sabemos que somos esa maleta que se pierde en un aeropuerto y su dueño no se da cuenta de que ha desaparecido. Como todas las ciudades que hemos visitado en las que no te he visto dormir, y las promesas muertas. Porque sabes que los viajes son distintos cuando tienes la certeza de que vas a volver. Y ahora intento pasar las noches fuera y me mantienen despierta sacándome a bailar. A veces ya no estás en mi cabeza. No puedo dejar de decirte que tu alegría se mide en mis tristezas, sin el viceversa. Ojalá quisiera hacerte daño. Porque ya he estado aquí antes y no sé si puedo volver. Pero aún soy la chica de las flores en el corazón. Tampoco ahora llevo paraguas y sigo saltando en los charcos en lugar de irme a dormir. Llorar es mi forma de preguntarte si esta vez te vas a quedar. Cuando atravieso la ciudad andando y nos cruzamos siempre finjo no verte, pero me paras y ya no sé si hay diferencias entre la gente que me puso tiritas en el corazón y la que me lo hizo pequeño a golpes.
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