3 feb 2014

Como las canciones que te ponen tiritas en el alma y después te la destrozan a golpes. O viceversa.  No tengo en las manos más que heridas. Y me dices que hoy es domingo como si el calendario alguna vez se hubiese atrevido a asomarse a este colchón. Llevo mi vestido de flores y miro por la ventana pensando cuántas personas habrán muerto sin enamorarse, porque ya sé cuántas personas se han enamorado sin morir. Y me gustaría ir a verte y recitarte la lista de cosas que nunca te dije, porque ya me la he aprendido de memoria. Me gustaría ir a verte y enfadarme una vez más contigo porque me miras los labios en lugar de besarme. Sólo espero que sepas que yo nunca te elegí. Ni siquiera te elegiría ahora. Porque en el fondo los dos sabemos que somos esa maleta que se pierde en un aeropuerto y su dueño no se da cuenta de que ha desaparecido. Como todas las ciudades que hemos visitado en las que no te he visto dormir, y las promesas muertas. Porque sabes que los viajes son distintos cuando tienes la certeza de que vas a volver. Y ahora intento pasar las noches fuera y me mantienen despierta sacándome a bailar. A veces ya no estás en mi cabeza. No puedo dejar de decirte que tu alegría se mide en mis tristezas, sin el viceversa. Ojalá quisiera hacerte daño. Porque ya he estado aquí antes y no sé si puedo volver. Pero aún soy la chica de las flores en el corazón. Tampoco ahora llevo paraguas y sigo saltando en los charcos en lugar de irme a dormir. Llorar es mi forma de preguntarte si esta vez te vas a quedar. Cuando atravieso la ciudad andando y nos cruzamos siempre finjo no verte, pero me paras y ya no sé si hay diferencias entre la gente que me puso tiritas en el corazón y la que me lo hizo pequeño a golpes.

8 ene 2014

me pone triste
saber todo lo que nunca
sabré de ti
y en mis tripas
ellos aún se quieren
y los aviones existen porque existes

esta mañana he cogido
mi barra de labios
para pintar en el espejo
“las únicas heridas
que me duelen son
las que me hice
a mí misma”
porque yo nunca
te he escrito nada
son mis heridas las que te escriben este poema
son mis heridas las que te han escrito cada poema
las que dicen que te odian cada vez que te escriben
las que piensan que ojalá supieran odiarte

he aprendido a vivir sin oxígeno
desde que sé dónde encontrar tus brazos
y tus manos

en este mismo diario
escribí
“a veces sólo existo cuando me tocas”
y tenía miedo
a que me tocases
a que no me tocases
nunca más

aún tengo los versos de ángel
escritos en la piel
pero existen mis manos
y mis brazos


debo de estar en alguna parte
pero no sé dónde
porque de repente todo
son carteles luminosos con tu nombre
y siento que ésta es la única forma
que tiene el mundo
de recordarme
que estoy viva.

31 dic 2013

Recuerdo que hace tiempo una persona de esas que hacen llorar a las aceras me dijo que tengo siete corazones. Lo peor de estas cosas es que luego terminas creyéndotelas. Tantas veces me he preguntado desde entonces si sería más o menos difícil romper siete corazones o el único que se supone que tenemos las personas. Al crecer me he dado cuenta de que sólo puede romper un corazón alguien que lo haya hecho crecer por dentro. E intenté hacerme creer a mí misma que estas cosas merecen la pena. Pero después de las canciones tristes y las noches sin dormir lo tengo todo más claro porque ya no entiendo nada. Y sé que soy mucho más de lo que creo, pero sobre todo soy antítesis. Y cuando llegan personas regalando abrazos ya no dudo de sus espinas, pero sí tengo en cuenta que las espinas no son caricias. Voy a. Y cuando después de 365 días me miro desnuda (vestida o desvestida) en el espejo y puedo poner nombre a cada una de mis heridas sé que he Vivido, que este año sólo podía acabar en trece, que hay canciones que son para bailarlas llorando, que lo más importante es lo que nunca se dice porque se demuestra. Pero voy a seguir enamorada de las palabras porque creo en ellas como nunca he creído en mí misma. Como espero llegar a creer en mí misma. Porque ahora sé llorar de tristeza y de felicidad. Sé que la magia de las tiritas es que tienen nombre propio. La magia de las heridas es que cicatrizan. La magia de las personas es cuando se quedan, y no cuando quieren quedarse. La magia del trece es bailar en el barrio Santa Cruz, saber que estar sola no es igual que no tener compañía, las marcas de pintalabios en los vasos de café, saber qué personas me hacen falta para arreglar el mundo. Llorar en un tren de vuelta a casa y descubrir qué es casa. No tener vergüenza, quedarme en la cama cuando no quiero enfrentarme al mundo, las canciones que me han cambiado la vida, cantar The Cave en directo y llorar leyendo poesía. La magia del trece es convencerme de que llorar es como morir por fuera y nacer por dentro. Reconciliarme con las casualidades. Dejar de existir en las estaciones porque aún tengo miedo. Recordar que la sangre es blanca.


Pero el trece es siempre un trozo de Vida, y la magia de la Vida es ser una Valiente.