8 ene 2014

me pone triste
saber todo lo que nunca
sabré de ti
y en mis tripas
ellos aún se quieren
y los aviones existen porque existes

esta mañana he cogido
mi barra de labios
para pintar en el espejo
“las únicas heridas
que me duelen son
las que me hice
a mí misma”
porque yo nunca
te he escrito nada
son mis heridas las que te escriben este poema
son mis heridas las que te han escrito cada poema
las que dicen que te odian cada vez que te escriben
las que piensan que ojalá supieran odiarte

he aprendido a vivir sin oxígeno
desde que sé dónde encontrar tus brazos
y tus manos

en este mismo diario
escribí
“a veces sólo existo cuando me tocas”
y tenía miedo
a que me tocases
a que no me tocases
nunca más

aún tengo los versos de ángel
escritos en la piel
pero existen mis manos
y mis brazos


debo de estar en alguna parte
pero no sé dónde
porque de repente todo
son carteles luminosos con tu nombre
y siento que ésta es la única forma
que tiene el mundo
de recordarme
que estoy viva.

31 dic 2013

Recuerdo que hace tiempo una persona de esas que hacen llorar a las aceras me dijo que tengo siete corazones. Lo peor de estas cosas es que luego terminas creyéndotelas. Tantas veces me he preguntado desde entonces si sería más o menos difícil romper siete corazones o el único que se supone que tenemos las personas. Al crecer me he dado cuenta de que sólo puede romper un corazón alguien que lo haya hecho crecer por dentro. E intenté hacerme creer a mí misma que estas cosas merecen la pena. Pero después de las canciones tristes y las noches sin dormir lo tengo todo más claro porque ya no entiendo nada. Y sé que soy mucho más de lo que creo, pero sobre todo soy antítesis. Y cuando llegan personas regalando abrazos ya no dudo de sus espinas, pero sí tengo en cuenta que las espinas no son caricias. Voy a. Y cuando después de 365 días me miro desnuda (vestida o desvestida) en el espejo y puedo poner nombre a cada una de mis heridas sé que he Vivido, que este año sólo podía acabar en trece, que hay canciones que son para bailarlas llorando, que lo más importante es lo que nunca se dice porque se demuestra. Pero voy a seguir enamorada de las palabras porque creo en ellas como nunca he creído en mí misma. Como espero llegar a creer en mí misma. Porque ahora sé llorar de tristeza y de felicidad. Sé que la magia de las tiritas es que tienen nombre propio. La magia de las heridas es que cicatrizan. La magia de las personas es cuando se quedan, y no cuando quieren quedarse. La magia del trece es bailar en el barrio Santa Cruz, saber que estar sola no es igual que no tener compañía, las marcas de pintalabios en los vasos de café, saber qué personas me hacen falta para arreglar el mundo. Llorar en un tren de vuelta a casa y descubrir qué es casa. No tener vergüenza, quedarme en la cama cuando no quiero enfrentarme al mundo, las canciones que me han cambiado la vida, cantar The Cave en directo y llorar leyendo poesía. La magia del trece es convencerme de que llorar es como morir por fuera y nacer por dentro. Reconciliarme con las casualidades. Dejar de existir en las estaciones porque aún tengo miedo. Recordar que la sangre es blanca.


Pero el trece es siempre un trozo de Vida, y la magia de la Vida es ser una Valiente.

5 oct 2013

"slow it down"


"She just wants you to understand what can happen when you’re a million kinds of lonely at once, when you find yourself among identical strangers you do not want to get to know."
('Clean', Amy Reed)

Cómo voy a creer en el amor si la última vez que creí en algo fue en ti.
Nadie va a lograr convencerme de que hay alguna verdad en esta habitación ahora que sé que incluso la luz que se filtra por las persianas es simplemente una más en tu colección de mentiras. Mi colección de mentiras. De repente le han arrancado once páginas a mi calendario, pero nadie va a lograr convencerme de que hay algún motivo para abandonar esta cama. Y tienes razón. He dormido cada noche de mi vida con palabras mordiéndome las entrañas, pero creía en ellas casi tanto como en quien las pronunciaba. Y tú aún hablas como si creyeras algo de lo que dices y yo aún pienso en tu risa como uno de esos días que sales a la calle y el cielo está lleno de globos de colores.
Pero no creas ni siquiera durante un segundo que estoy mirando hacia atrás. Solo que sigues aquí delante. Y te dirán que ya no espero nada de ti, ni siquiera que te marches. Pero sí espero que algún día aprendas que las tiritas no son reversibles, que las ciudades en ruinas aún arden fácilmente, que barrer los escombros no evitará que el viento vuelva a esparcirlos por todo el jardín o que tatuarte las raíces de un árbol no hará que éstas crezcan hacia arriba.
No quiero escuchar tu voz y si lo repito en voz alta es porque lo más cerca que estoy de tu voz es la mía.
Ahora sé mejor que tú que no todo está perdido, pero a veces sí lo está todo lo que importa. Así que no vengas a pedirme palabras como si ignorases que no me queda nada para ti porque ojalá aún fuera la niña de las uñas pintadas de rojo, la fe inquebrantable en las personas y la sonrisa para mí y para el resto del mundo, pero yo ya no lloro con mis lágrimas sino con las tuyas.