11 mar 2013

Ya sólo puedo dormir en tu cama. Ya sólo quiero dormir en tu cama.
¿Qué vas a hacer cuando ya no te quede ningún lugar en el que esconderte? No vine a buscarte sino a encontrarte. Pero, si te pierdo, quiero que al menos me recuerdes porque nunca nadie te perdió de esta manera.
Nunca nadie se dejó caer de esta forma en las páginas de Benedetti ni se abrazó tan fuerte a Corazón coraza. Y si mentías espero que sepas que, cuando lo hacías, la verdad eras tú.
Y yo no puedo contigo. No puedo contigo huyendo. No puedo contigo huyendo a pesar de que sabes que no quiero que lo hagas. Y cada palabra que no me dices es un monstruo que se queda a dormir debajo de mi cama. Cada palabra que sí pronuncias es un monstruo que se queda a dormir conmigo en mi propia cama.
Pero lo que me exprime el corazón no es que actúes como un cobarde sino que no estés siendo el Valiente que sé que eres. 
No hace falta que vengas a buscarme. Me conformo con que te dejes encontrar.


De nada sirve saber volar si jamás te atreves a abrir las alas.

6 mar 2013

Para ellas eres un poeta, para mí eres poesía. Lo eres ahora que llueves, lo eras cuando llovía y lo serás cuando sigas lloviendo dentro de un rato. Pero ahora estás dormido. Y mientras duermes voy a construir la jaula donde no quiero encerrarte. Los barrotes van a ser mis sueños y la puerta sólo se abrirá con el sonido de tu risa (ésa que sé que tienes cuando soy yo quien te hace reír).
Soy la chica sonriente del fondo del quinto vagón de ese tren que nunca llegaste a coger. Estaba en el momento indicado en el lugar preciso. Y te tenía delante. A unos 50201 kilómetros de distancia. Y te vi sonreír. Lo juro. ¿Y ahora de qué puente quieres que me tire? ¿Crees que todavía nos queda alguno?
Duermo en la habitación donde escribí tus poemas en las paredes. Duermo en esta habitación porque escribí tus poemas en las paredes. 

4 mar 2013

Como Chéjov llamando "cachorro de cachalote" a Olga Knipper. Como Emily Dickinson preguntándole a Thomas Higginson si sus poemas tenían vida. Como Edith Aron sin responder a las cartas de Julio. Como la bala con nombre que mató a Maiakovski. Como Ofelia ahogándose en las carcajadas de Hamlet. Como Verlaine decidido y Rimbaud indeciso. Como si Henry Miller y Anaïs Nin no se hubieran conocido nunca. Como Frida salvando a Diego de sí mismo y de sí misma. Como si Nabókov y Vera nunca hubiesen ido a aquella fiesta de disfraces. Como los hospitales azules de Neruda a Federico. Como mi Ángel con esperanza y sin convencimiento. Como si la Libertad de Paul Éluard hubiese acabado con Gala. Como Celaya convencido de que no merece la pena intentar transformar el mundo. Como Baudelaire sobrio de vino, de poesía y de virtud. Como Juan Ramón quejándose de la risa de Zenobia. Como si Wilde hubiese muerto en aquella cárcel de Reading. Como borrar los cuatro días en Viena de Kafka y Milena. Como Otelo confiando en Desdémona. Como Leonard Woolf evitando la caída de Virginia. Como Leonor y Antonio plantando un olmo juntos. Como Oliverio Girondo enamorado de un pájaro sin alas. Como si Matilda Wormwood nunca hubiese aprendido a leer. Como Bukowski mostrando una bandera blanca.
Otro valiente más muerto de miedo.