4 mar 2013

Como Chéjov llamando "cachorro de cachalote" a Olga Knipper. Como Emily Dickinson preguntándole a Thomas Higginson si sus poemas tenían vida. Como Edith Aron sin responder a las cartas de Julio. Como la bala con nombre que mató a Maiakovski. Como Ofelia ahogándose en las carcajadas de Hamlet. Como Verlaine decidido y Rimbaud indeciso. Como si Henry Miller y Anaïs Nin no se hubieran conocido nunca. Como Frida salvando a Diego de sí mismo y de sí misma. Como si Nabókov y Vera nunca hubiesen ido a aquella fiesta de disfraces. Como los hospitales azules de Neruda a Federico. Como mi Ángel con esperanza y sin convencimiento. Como si la Libertad de Paul Éluard hubiese acabado con Gala. Como Celaya convencido de que no merece la pena intentar transformar el mundo. Como Baudelaire sobrio de vino, de poesía y de virtud. Como Juan Ramón quejándose de la risa de Zenobia. Como si Wilde hubiese muerto en aquella cárcel de Reading. Como borrar los cuatro días en Viena de Kafka y Milena. Como Otelo confiando en Desdémona. Como Leonard Woolf evitando la caída de Virginia. Como Leonor y Antonio plantando un olmo juntos. Como Oliverio Girondo enamorado de un pájaro sin alas. Como si Matilda Wormwood nunca hubiese aprendido a leer. Como Bukowski mostrando una bandera blanca.
Otro valiente más muerto de miedo.

24 feb 2013

He intentado llenarte con todo lo que soy pero tú sigues vacío de mí.


Ni conmigo ni sin mí. Ésa es tu idea. Y yo no puedo pensar en respirar sin pensar en ti. Y me ahogaré como Ofelia pero mis flores serán tus carcajadas y me hundirás y no te hundiré porque no soy capaz de hacerlo. Pero tampoco quiero.

Ellas no escriben consejos que no siguen en las primeras páginas de sus libros favoritos ni pegarán tiritas en las cubiertas de los tuyos. No van a contar tus lunares ni dibujarán en tu espalda líneas que los unan formando constelaciones. No beberán café mirándote a los ojos, no respirarán mirándote a los ojos porque mirarte a los ojos es la única forma posible de respirar.

Tú no verás mis vestidos de flores ni mis extrañas medias. No me quitarás esos vestidos ni esas medias. Tampoco querrás hacerlo. Tampoco quieres hacerlo.




17 feb 2013

No estás hecha para él. No estás hecha para nadie. Estás hecha para ti. Para sonreír, para darte mil hostias, para que te den otras mil hostias, para aprender de esas dos mil hostias.
No te va a salvar él, no te van a salvar ellos; no te va a salvar nadie excepto tú misma.
No tienes que salvarte de él, ni de ellos; te tienes que salvar de ti misma. Y tampoco puedes salvarlo a él, ni a ellos. Sólo puedes amarlos. Y nunca podrás hacerlo como quisieras ni como quisieran, porque el amor no es suficiente. Pero puedes intentarlo. Siempre intentarlo hasta que te sangren las rodillas.
Pero deja de quejarte desde esa bañera llena de agua de que no ha parado de llover desde que llegaste. 
Sé lo que es pasarse la vida pisando gusanos para después llorar porque no encuentras ninguna mariposa. Se pasan la vida. Te pasas la vida. Y la vida también pasa. 
Las cosas no son como tú las ves porque las ves como tú eres. ¿No crees que has querido demasiado como para tener ahora miedo de querer? No olvides que eres una persona y no un personaje. Y recuerda que ellos también son personas, aunque a veces parezcan personajes. 

Que no vives en una cárcel. La cárcel eres tú misma.