No estás hecha para él. No estás hecha para nadie. Estás hecha para ti. Para sonreír, para darte mil hostias, para que te den otras mil hostias, para aprender de esas dos mil hostias.
No te va a salvar él, no te van a salvar ellos; no te va a salvar nadie excepto tú misma.
No tienes que salvarte de él, ni de ellos; te tienes que salvar de ti misma. Y tampoco puedes salvarlo a él, ni a ellos. Sólo puedes amarlos. Y nunca podrás hacerlo como quisieras ni como quisieran, porque el amor no es suficiente. Pero puedes intentarlo. Siempre intentarlo hasta que te sangren las rodillas.
Pero deja de quejarte desde esa bañera llena de agua de que no ha parado de llover desde que llegaste.
Sé lo que es pasarse la vida pisando gusanos para después llorar porque no encuentras ninguna mariposa. Se pasan la vida. Te pasas la vida. Y la vida también pasa.
Las cosas no son como tú las ves porque las ves como tú eres. ¿No crees que has querido demasiado como para tener ahora miedo de querer? No olvides que eres una persona y no un personaje. Y recuerda que ellos también son personas, aunque a veces parezcan personajes.
Que no vives en una cárcel. La cárcel eres tú misma.