17 feb 2013

El azúcar se acaba cuando derramas el contenido de un salero demasiadas veces. No notas la diferencia. No notes la diferencia. Es más fácil andar haciendo daño que dejar que te lo hagan a ti. Qué cobarde. Mejor cobarde que loco. Para ti. Es triste. ¿Cómo se puede llegar a perder la capacidad de amar? A mí no me importa. Te juro que no. Hazme daño, rómpeme en mil pedazos, úsame. Da igual. Nunca vas a ser mío. Ni de nadie. ¿Para qué? No dejar que pase. No dejarnos pasar. Pero cuéntame, ¿te parece más fácil dar trozos de nada a trescientos rostros borrosos o prefieres dar algo de ti a una cara sonriente? Y ¿a caso te importa que sea más fácil? Sé que a ti sí. Pero no. Que tú eres un cobarde. El cobarde. No me digas todo mientras piensas en nada porque ya sé que la única diferencia eres tú. Un abismo. Y qué frío hace. Frío dentro de ti. Porque quieres. Porque eres incapaz de dejar que alguien te abrace. Y los abrazos no matan. Y te morirás de frío. Porque mañana no existe (¡sorpresa!). Y ahora estás aquí. Y yo no voy a volver a llamarte porque sé que no vas a descolgar.

28 ene 2013

"I thought you were different. I thought you thought I was diferent. I thought".



¿Quién creería en la suerte pudiendo creer en ti? Eres la sonrisa de los lunes por la mañana cuando te despiertas y ves que nada ha cambiado. Porque contigo no hace falta deshojar margaritas en primavera ni llevar paraguas los días de lluvia. Y a mí no me da lo mismo pero tampoco me da lo mismo perder la oportunidad aunque sólo lo consiga 1 de cada 57 veces que lo intento.
No cierres los ojos para decirme la verdad.

22 ene 2013

Podría y puedo vencer mi miedo y saltar sin caer y romper cada ventana del mundo. Despertarte cada mañana y convertirlo todo en cualquier cosa excepto un día más o un día menos. Intentar hacer magia y curarte cada herida porque sé que el único sitio en el que quiero y puedo ser y estar es donde tú eres y estás. Inventar constelaciones en tu espalda y recordarte lo que se siente al borde de un precipicio cuando eres tú quien quiere saltar porque sabes nada será tan dulce como esa caída, como ver cómo caemos.
Podría y puedo regalarte la primera y la última sonrisa y también la segunda, la cuarta y la quinta. Y guardar todas las terceras para cuando ya no seamos suficientes porque dicen que a la tercera va la vencida.
Podría y quiero pero no puedo comerme tu miedo porque no es de los dos y porque, aunque lo fuera, sé que no me lo permitirías.