Te echo de menos tanto como se echa de menos a alguien que te roba el corazón y se lo da para comer a los tiburones que habitan la costa este de Australia los trescientos sesenta y seis días de los años bisiestos, después de meterlo en una batidora.
No estoy segura de que me hayas robado el corazón y sé que no se lo has dado para comer a los tiburones ni lo has metido en una batidora, aunque sí te echo de menos.